Cómo la lengua que hablas cambia tu visión del mundo

Al igual que el ejercicio metódico le da a tu cuerpo beneficios biológicos, controlar mentalmente dos o más idiomas proporciona a tu cerebro beneficios cognitivos.

En una investigación publicada recientemente en Psychological Science, se ha hecho un estudio entre personas bilingües alemán-inglés y personas monolingües para averiguar cómo diferentes patrones lingüísticos afectaban a sus reacciones en los experimentos.

En primer lugar hay que decir que la visión global que asumen los germanófonos es holística - tienden a ver la situación como un todo - mientras que los anglófonos tienden a focalizarse en la situación y se centran solamente en la acción.

La base lingüística de esta tendencia parece proceder de la forma en que las diferentes gramáticas situaban las acciones en el tiempo. El inglés exige que sus hablantes marquen gramaticalmente los eventos que están sucediendo aplicando obligatoriamente el morfema -ing: “I am playing the piano and I cannot come to the phone” o “I was playing the piano when the phone rang”. El alemán no presenta esta característica.

En nuestro estudio también encontramos que estas diferencias entre lingüísticas cruzadas se extienden, más allá del uso del lenguaje en sí, a la categorización no verbal de eventos.

Mostramos unos vídeos a monolingües anglófonos y germanófonos en los que se veía gente caminando, montando en bicicleta, corriendo o conduciendo. Tras cada conjunto de tres vídeos les pedíamos a los sujetos que decidieran si una escena con un objetivo ambiguo (una mujer que camina hacia un coche aparcado) era más parecida a una escena orientada a un objetivo (una mujer entra en un edificio) o a una escena sin objetivo (una mujer camina por un camino en el campo).

Los monolingües germanófonos relacionaron estas escenas con las escenas orientadas a un objetivo más a menudo que los anglófonos monolingües. Esta diferencia refleja la que encontramos en el uso del lenguaje: los germanófonos tienen más probabilidad de centrarse en los posibles resultados de las acciones de la gente.

Cuando les tocaba a los bilingües, parecía que cambiaban entre estas perspectivas en base al contexto lingüístico en el que realizaban las tareas. Descubrimos que los alemanes que hablaban inglés con fluidez se centraban en el objetivo de la acción de la misma forma que cualquier otro hablante nativo al que se realizara la prueba en alemán en su país de origen. Pero un grupo similar de bilingües alemán-inglés examinado en Reino Unido se centraba en la acción en sí al igual que los anglófonos nativos.

En otro grupo de bilingües alemán-inglés, hicimos que se centraran en una sola lengua durante el visionado de los vídeos haciéndoles repetir cadenas de números en alemán o inglés. Desviar la atención de una lengua parecía incrementar la influencia de la otra.

Al “bloquear” el inglés, los bilingües actuaban como alemanes típicos y calificaban los vídeos ambiguos más centrados en el objetivo. Al bloquear el alemán, los sujetos bilingües actuaban como anglófonos y juntaban los vídeos ambiguos con situaciones de final abierto. Cuando se sorprendía a los sujetos cambiando la lengua de los números de distracción a mitad del experimento, la atención en los objetivos y los procesos de los sujetos también cambiaba.

La gente cuenta que se siente como una persona diferente según la lengua que utilice y que la expresión de ciertos sentimientos tiene diferente relevancia dependiendo de la lengua que utilicen.

Al juzgar el riesgo, los bilingües tienden a realizar decisiones más racionales económicamente en una segunda lengua. A diferencia de la primera lengua, parece que las segundas lenguas tienden a carecer del arraigado sesgo afectivo y confuso que influye exageradamente en cómo se perciben los riesgos y los beneficios. Por lo tanto, la lengua en la que hablas puede afectar realmente a tu forma de pensar.

 

Fuente: www.xataka.com, www.braindecoder.com